Por.- Edgar Silva.-

#Parras #Coahuila | A través de redes sociales, un usuario anónimo contó su vivencia paranormal que por poco y le cuesta la vida a su familia, al viajar a Parras de la Fuente para disfrutar de un fin de semana en el apacible Pueblo Mágico.

Al transitar por la carretera Parras – Paila, cerca de la vitivinícola Casa Madero, con el reloj marcando la 1 de la mañana, por este oscuro y desolado camino casi sufrieron de una trágica volcadura.

Según la versión de los visitantes, al pasar por un lugar con árboles grandes y secos, un pequeño niño se atravesó en la carretera, corriendo, como si alguien o algo lo fuera siguiendo; un espectro que vieron todos los pasajeros.

“Era obvio que era un fantasma ya que, pues estaba todo oscuro, yo iba sentada adelante con mi papá, íbamos escuchando música y fue muy rápido, mi papá freno de lleno y la camioneta se descontrolo horrible, lo bueno que mi papa pudo controlarla para que no nos volteáramos” mencionó en su publicación.

La familia originaria de Monclova, Coahuila describió al menor como un niño pequeño y sin vestimenta, quien desapareció entre los matorrales que se encuentran a un costado de la vía carretera.

Tras el suceso el conductor se bajó para revisar el paradero del infante, del cual, no se tuvo conocimiento; se había esfumado.

“… yo ya no quise bajarme a checar, el que se bajó fue mi papá y se asomó a donde pasó ese niño, y pues ya no vio a nadie, estaba todo oscuro, mi papá regresó a la camioneta y nos dijo que esperáramos tantito porque la camioneta empezó a fallar, no quiso encender, mi mamá y yo nos pusimos a rezar una y otra vez hasta que la camioneta por fin encendió”

Minutos más tarde los viajantes llegaron a su destino en las cercanías del estanque de la luz, donde le contaron lo sucedido a sus familiares parrenses, quienes les aseguraron y platicaron la infinidad de leyendas que rondan este terrorífico tramo.

LEYENDA: LA COMPAÑERA INESPERADA

Por.- Elvia Morales García

Siempre sucede en las noches, cuando Selene baña con su luz el lugar donde su ánima se aparece a los vivos en busca de paz, allá por la carretera a Santa Isabel, en la salida de la carretera Parras-Paila, en la barranca de los franceses donde el 1º de marzo de 1866 ocurrió la batalla entre franceses y mexicanos comandados por el General Andrés S. Viesca.

En las madrugadas se ve a la mujer con grandes trenzas erizadas por la luz de la luna y su vestido flotando al aire, aún cuando no hay brisa, parada a un lado del camino que hoy ya es carretera, haciendo señas y moviendo los brazos como pidiendo auxilio; por su actitud y gestos se aprecia la gran angustia, aflicción y desconsuelo que la embarga.

En el afán de ayudar a la mujer que parece estar en apuros, que parece con el aire entrecortado, la cara desencajada, sus manos yendo de un lado a otro, en señal de alto, los viajantes que transitan por el lugar suelen detenerse para ayudarla, entre las cerca pareciera que la angustia de la mujer aumenta y su desesperación la lleva a refugiarse entre aquellos pinabetes que marcan el límite de la carretera, entre los que desaparece como por encanto.

Aunque los conductores que se detienen, descienden del carro para buscarla y ofrecer llevarla a su destino, no logran por ningún lado ver de nuevo a la preocupada mujer por más atención que se preste al camino y a los árboles que marcan el límite de la carretera.

Luego de ello los viajeros continúan su marcha, intrigados y con miedo intentando ignorar lo sucedido, pero como es común que el conductor en un intento de saciar su curiosidad y venciendo el miedo que le embarga, voltee hacia atrás para comprobar si en verdad desapareció… solo para darse cuenta al segundo vistazo que viaja en el asiento de atrás.

Para más de uno ha sido una sorpresa encontrarla sentada en el asiento posterior del vehículo, con una sonrisa macabra que ya no es de angustia, sino que no insinúa venganza, con sus ojos ausentes, ¿o cuencas? con el único objetivo de que sus acompañantes no tengan paz, igual que ella.

Dicen los que saben de estas cosas, que a estas alturas la mujer puede estar acompañada de uno o dos individuos ataviados con el uniforme de los soldados franceses, cuyo rostro no es este mundo, seres ansiosos de encontrar el descanso eterno.

Cuentan que la mujer, o lo que sea que es, no es otra cosa que la “China Apolinares”,esa célebre mujer que poseída del espíritu conservador de sus familiares y adolorida por la muerte de su esposo, se había convertido en un bravo enemigo de los liberales.

Ella es la visión que inquieta, reconoce y asedia a los viajeros que vacilan entrar por la madrugada a Parras de la Fuente, como invadiendo la tierra por la que peleó y perdió a su amor.

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